domingo, 27 de diciembre de 2009

¿MUJERES AL FRENTE?

Vuelvo a la misma discusión de siempre...
¿porque tenemos que ser siempre los hombres los que nos movilizamos para que una relación empiece?
Es decir..
¿qué tiene de malo que, de pronto, una mujer sea la que se le "declare" al hombre?
Vamos por partes...
Antes que me caratulen de "vago" o "no te gusta laburar" dejenme dejar en claro que, así como las mujeres se cansan de tener la pretensión masculina de poseerlas siempre encima, muchos hombres también estamos cansados de tener que ir al frente siempre nosotros. Y en la mayoria de los casos, por lo general, si nosotros no hacemos "nada", termina no pasando nada.
Es molesta la actitud de esas mujeres que se sienten "regaladas" por declararseles a un hombre.
La cuestión es: si está la seguridad intuitiva de que con la otra persona la atracción es mutua y "está todo bien", ¿cuál es el problema de que sea la mujer la que encare?
¿acaso solo los hombres estamos destinados al ridículo en caso de que la respuesta sea un "no"?
Las mujeres de hoy son muy idoneas a la hora de reclamar sus derechos y la igualdad de género, en pleno siglo XXI. Y me parece bárbaro. Soy un convencido de que la igualdad debe de prevalecer por siempre. Aún así, a la hora de la conquista, las cosas siguen estando en desventaja para los hombres. No solo porque son siempre las mujeres las encargadas de decidir si se involucran en la relación o no (La mayoria, en sus etapas de solteria, hasta pueden "elegir" a quién se van a entregar). Sino porque aún hoy, cuando mucho se habla de igualdad y de "mujeres que van al frente", la realidad indica otra cosa.
El índice de mujres que "van al frente" es realmente bajo y todavía nos queda a nosotros el laborioso trabajo de la conquista..
Lo más odioso es cuando se escucha a una mujer decir: "los hombres no tienen creatividad" ¿qué me están queriendo decir? ¿Encima de que voy a tener que apelar a toda mi creatividad para no aburrir durante el noviazgo y romper constantemente con la rutina, también tengo que derramar mis neuronas pensando en cómo agradar aún sin tener la seguridad de que me vayan a dar el sí?
Y encima, bancarnos el título de "cagones" o "vuelteros" cuando preferimos salvar nuestra reputación antes de arrojarnos a un pileta vacía, sabiendo que después terminará siendo "vox pópuli" (siempre termina siendo vox pópuli).
Y uds, ¿Qué hacen por la relación si se supone que tienen el mismo interés que nosotros en que la pareja funcione?
¿No se supone que la pareja debe de ser "pareja" desde el principio?
Entonces, ¿Porqué el esfuerzo tiene que ser solo nuestro?
¿Porque a las mujeres les cuesta tanto encarar?
Conozco casos extremos, como por ejemplo, el de una amiga que estuvo UNA HORA Y MEDIA en medio de un boliche parada al lado de un pibe que le gustaba y no pasó nada hasta que él no se animó a hablarle, intrigado más que nada por su muda presencia.
¿cuesta tanto hacer el click?
No soy partidario de la vagancia ni voy a enarbolar una bandera sobre ello pero, en épocas de igualdad suprema, voy a pelear por esos puntos mínimos en los que nos sentimos relegados.
Obviamente, no hablo por todos los hombres, la mayoría prefiere seguir haciendo el trabajo ellos por el echo de no perder en su lecho machista de creer que son ellos los que "eligen" y/o "deciden". Pero cuándo me pongo a pensar en todas esas parejas que no se deben haber formado por el simple echo de una mujer que no avanza, me dá mucha tristeza.
La mayoría de las mujeres piensa "¿cómo no se vá a dar cuenta?"
No chicas, no. La mayoría de las veces, son menos evidente de los que uds piensan. Y tampoco poseemos un radar que nos indique qué mujer tiene onda con nosotros y cuál no...
La PAREJA, parte de los dos, para los dos.
no olviden de levantar la tapa del inodoro que, en definitiva, no hay nada más lindo que una persona te diga: "te quiero"
y no se olviden...
las estamos esperando.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

CHICAS CARAS (LAS BABYSITERS)





Hace poco ví una película sobre algo que marca tendencia. Un mal de épocas, se diría:
THE BABYSITTERS (EEUU, 2007) escrita y dirigida por Davis Ross.
La peli empieza con una escena donde la protagonista camina entre chicas adolescentes de su edad (15 o 16 años, aprox.) que coquetean subidas sobre las piernas de los hombres (todos mayores de 40) y relata en off:


"La respuesta es no.
Mi mamá no bebe.
Mi papá no me golpeaba.
El tío Steve nunca me enseñó sus partes íntimas.
Ni siquiera tengo un tío que se llame Steve.
El dinero está bien.
Y pagar por ofrecer sexo no es mucho más humillante que servir hamburguesas.
Pero no es por eso que lo hago...
Todos tenemos secretos.
Incluso si solo está en nuestras cabezas.
La pregunta es... ¿porque?"


Más allá del final de la película (que no puedo delatar, pero además de ser demoledor puede dejar insatisfechos a algunos) la solidez del guión y la pefecta e inmejorable actuación de Lauren Birkell (el resto del elenco acompaña muuuy bien) el tema a tratar es el siguiente:


LAS CHICAS DEL SIGLO XXI COBRAN POR PLACER

Y acompaño esto con una nota que salió publicada hace poco en el diario Crítica De La Argentina (siempre excesivo en sus críticas) titulada "chicas caras" a propósito del libro que acaba de editar la escritora y periodista Teresita ferrari donde chicas de diversas posiciones sociales, tanto "de la villa" como "del country" confiezan a la periodista como no sienten culpa al ejercer esta "profesión" y relatan, entre otras cosas, como fué la primera vez que cobraron por pasarla bien.


leé la nota completa del diario acá:
http://criticadigital.com.ar/index.php?secc=nota&nid=32527
http://200.82.82.211/impresa/index.php?secc=nota&nid=33602


Entre confesiones y entredichos, resalto algunas confesiones claves:


Yo me divierto y gano plata. No soy puta, soy virgen, y el día que deje de serlo será por calentura, con un pibe que me encante, cuando tenga ganas a morir. Mientras tanto, yo hago la mía y los pibes la suya. Y está bien. Es así. Yo quiero plata porque me gusta mucho la plata y tener cosas, y a ellos les gusta que yo se las chupe y que nos re matemos tocándonos en el baño, y me eligen porque les gusto, pero ni ellos ni yo queremos nada más que jugar. A veces es mejor jugar con conocidos ¿no? Es así. ¿Es tan difícil de entender?”. Martina –15 años, hija de economistas–“Muchas veces (los jóvenes clientes) me cuentan que les robaron guita a sus viejos, que se fueron quedando con vueltos, que no le pagaron al profesor de inglés o al de tenis y que la van piloteando para juntar guita para un pete o mucha franela. ¿Cómo me lo piden? Me mandan un mensajito de texto y me dicen que tienen lo que yo quiero, que cuando vayamos al gimnasio me vaya al fondo. Los demás nos hacen el aguante (…). Muchas veces, cuando en casa no hay nadie, yo les aviso y vienen (…). Por supuesto que cuando viene más de uno pagan todos, el que quiere y los que miran. Si los tres quieren, nos vamos al baño de servicio y los otros se quedan simulando que estudian, por si alguien entra”.


“Ahora tengo una agenda bastante nutrida, que era muchísimo más grande, pero fui limpiando y organizando con los que pagan bien, son seguros, me llevan a buenos lugares, hacen regalos y les puedo pedir lo que quiero en la cama. Logré un mix muy bueno, que es gozar en la cama y juntar plata. Hasta ahora me permitió alquilar un departamento chico pero amoroso, y muchas cosas más. Lo equipé bien. Tengo un plasma no muy grande, la cocina está a full, la ropa de cama y las toallas son re-top y mi armario es muy bueno. No tengo millones de porquerías del Once, tengo buena ropa y bastante”. Victoria, 19 años, pertenece a una familia de clase media. Vino de un pueblo de la provincia de Buenos Aires para estudiar marketing y publicidad. Sus padres creen que trabaja en un locutorio.


“Mi vieja no está, y si estuviera le digo que voy a lo de una amiga a estudiar. Ella sólo llama a mi móvil. Y a Nicolás (el novio) le digo la verdad cuando no queda otra. Ahora, por ejemplo. Él no se hace drama, y muchas veces me dice: ‘Flaquita, es la tuya. No hay otra si querés salir adelante. Los negocios grandes están lejos, y si éste te da un toco, ahora tenés que aprovecharlo, porque dura poco”. Josefina, 18 años, es hija de una familia de clase alta de Chile. Estudia Ciencias de la Comunicación en la UBA.


“No ando por ahí con ropa de lycra ajustada como un matambre, ni con tacones aguja y medias de red con el rouge todo corrido y sacando la lengua a los clientes como hacen los travestis (…). Lo mío es otra cosa (…). Por afuera de la cama soy una mina normal que estudia, tiene su familia, sale a bailar (…). Lo que sí sé es que a mí no me sacan nada gratis, ni la hora. Es la única manera de hacerte respetar. Te aseguro que los tipos te respetan más que a cualquier mosquita muerta que no les pide plata pero que a la primera de cambio se queda embarazada y después les saca un departamento, guita todos los meses de por vida, vacaciones gratis dos veces al año y usan al hijo de Banelco. Yo soy más honesta”. Mia, 16 años, es hija única de padres separados, vive en San Fernando.


"Tengo más de veinte compañeras de escuela y son muy pocas las que no cobran (…). No hay forma de ganar plata más rápida y cómoda. Yo no tengo tiempo de trabajar y cualquier trabajo es una esclavitud por nada. No aspiro a ser la empleada del mes en la hamburguesería porque terminás con las piernas rotas (…). Entre nosotras y los clientes terminamos reamigos al final. Hablamos mucho (…). Además, no te piden fidelidad, no te preguntan qué hiciste ayer, te hacen el amor muy bien, a veces traen regalos geniales y, encima, pagan. ¡Qué más se puede pedir! (…) Mis amigas no se quieren casar, yo no me quiero casar, los tipos que conozco huyen de la palabra casamiento y se cagan de risa del amor”. Johanna, 16 años, vive en Mataderos. Su padre la abandonó a ella y a su madre cuando Johanna tenía un año. Su primera relación sexual fue a los doce años, en manos de un padrino pedófilo que luego le propuso “gatear”.


“Decidí que quería plata, que era la única manera de salir adelante; que no quiero esperar a ser vieja para estar cómoda y tener lo que me gusta, porque me lo merezco ahora (…). Conocí cosas que te hacen la vida más linda: la tele grande, las máquinas que hay en la cocina que te permiten preparar rápido cualquier cosa, el lavarropas. También me encanta el olor a café a la mañana, la ropa de cama de la señora es un sueño, los adornos (…). Nunca me imaginé que yo iba a llegar hasta ahí; pero no me importa mucho y, de verdad, es divertido”. Carolina es jujeña. Llegó a dedo desde su provincia y trabaja como empleada doméstica cama adentro en la casa de una familia de clase alta de Recoleta. Los chicos de la casa tienen 18 y 16 años. Empezó con ellos y ahora se armó una “cartera de clientes” con sus amigos (los de ellos).


"Si te casás con un rico, te pedirá cuentas todo el tiempo. Ya lo veo. Si te casás con un pobre, tenés que ser socia de su miseria. Ni se me ocurre (…). Hace un tiempo, conocí a un cuarentón, navegando con amigos, y creo que él se dio cuenta de que podía avanzar. A mí no me gustaba mucho pero me daban ganas de seguir recaudando. Suena fuerte dicho así, ¿no? Bueno, fue medio flechazo, medio negoción. Así que nos empezamos a ver, aunque era un vejestorio total. Pero me pagaba una bocha (…). Un día me contó que se iba a Grecia con la mujer porque era un aniversario, y que un amigo de él quería conocerme. Y así fui armando un grupo lindo. De verdad que esa gente no es horrible, sólo tiene un buen dinero para divertirse. Ahora el verdadero placer me lo da la plata”. Damiana, 17 años, empezó a los 14 cobrándole a un amigo de su hermano. Su familia tiene campos, cursa el último año del secundario y es excelente alumna.


“Muchos me dicen que aproveche, que los tipos ya no se fijan más en las viejas, que son para quilombo, que no hacen nada y quieren cobrar un montón porque se pusieron lolas, y que a ellos les gusta más con las nenas, nos dicen ‘las nenas’… ¡si supieran! Yo no soy nena hace mil, pero con la pollera escocesa se mueren, los boludos. Yo les veo la cara y les mando cualquier precio y, si hago un cien, me quedo en el molde por un buen rato”. Jessica tiene 15 años, vive en la Villa 31. Su madre trabaja por horas y perdió a su papá en un tiroteo.


“Me largó que sólo quería estar conmigo, que no lo privara de mi presencia, que me necesitaba en este último tramo de su vida. Y agregó que si yo le quería poner un precio a lo que él me pedía, que se lo dijera. No sé de dónde lo saqué ni por qué, pero yo le mandé: ‘Este departamento’. Se sigue de la misma manera (…). Por supuesto que no es con cualquiera (…). Me fijo mucho en que no se droguen, que no se emborrachen, que sean cancheros, limpios, que tengan alguna conversación. Los mejores son los hijos de los amigos de mi viejo. Son conocidos, no les interesa hablar, tienen plata, están sanos y no me van a robar. No es poco, ¿no?”. Tamara, 16 años, es de familia de clase media alta. Se quedó con un departamento que le dio un cliente con leucemia terminal. Por ahora el titular es su padre. Es buena alumna. Le gusta la meditación zen.


Lo que más me gusta de hacerlo es ganar dinero. Aunque estoy forrada en guita, yo no quiero depender (…). Todas quieren ser como Wanda Nara, que de la nada lo tiene todo. Sale en la tele, es rubia, consiguió un novio y se casó como Carolina de Mónaco. Nada de eso me importa. Yo no me quiero casar, por ahora, y menos con uno de acá, que son bastante aburridos y para sacarles una palabra se tienen que haber clavado unas cervezas o un par de Fernet. Y las chicas se encaman con ellos para engancharlos, no se cuidan, paren como conejas desde los 16 y a los 25 andan con cuatro o cinco guricitos de distintos padres, limpiando casas y chancleteando con cara de asco, avejentadas. Son muy tontas. Yo les cobro, y así me tienen más respeto”. Andrea, hija de familia acomodada del campo sojero.


Estos son solo fragmentos de algunos de los testimosnios. Al libro todavía no lo ví en ninguna vitrina. Si alguien sabe dónde se consigue, avisen por favor. De todos modos, no hace falta tener mucha imaginación para armarce las escenas, ya que estas chicas son descriptivamente gráficas. Igualmente, les recomiendo ver la película para que tengan una idea más precisa desde cómo se consigue un primer cliente a cómo se arma una "cartera". Hasta una pequeña empresa se puede llegar a armar.

Pero el problema es: ¿qué papel jugamos los hombres en todo esto?

Porque está claro que toda mujer tiene derecho a hacer con su cuerpo lo que se le plazca, desde practicar un aborto hasta cobrar por placer. También queda claro que sin oferta no hay demanda (también se ve en la película) y que los hombres somos partícipes de que ésto siga ocurriendo.
Más claro aún queda en éstos testimonios que no es un problema de clase social, ni de abandono (cito tambien la película mexicana "Batalla en el Cielo" de Carlos Reygadas donde una chica rebelde de clase alta también se prostituye por placer. Inclusive, con sus empleados). Y sobra aclarar que la motivación principal es el dinero, el lujo, los chiches. El tener la posibilidad de comprarse todo sin tener que pedir permiso ni dar explicaciones. Inclusive, esa chica que le confiesa al novio de donde viene su opulencia y él lo acepta como algo natural, al menos en su argumento. Pero, ¿en qué clase de orgullo machista cabe aceptar que la mujer de uno se vaya a acostar con otro? Aunque sea, por dinero. ¿qué lugar ocupa el amor en todo ésto? . Si ésta tendencia está en alza... ¿qué lugar vá a ocupar el hombre en la vida de la mujer el día de mañana si ahora, además de decidir cómo, dónde y cuándo nos van a dar el sí (como hicieron siempre) , también nos van a decir el precio que tendremos que pagar por amarlas?
Que quede claro que éste no es un intento de victimizar al hombre, pero después de tanto ver botineras y acercarse a testimonios de cuán importante es para la mujer el dinero y la posición economica-independiente (ver también la excelente versión colombiana de "Sin Tetas No Hay Paraíso" de 23 capítulos -patética la versión mexicana extendida a meses- que es, ademas, una historia real basada en un grupo de narcos colombianos y unas chicas casi púberes que cobran por pasar el fin de semana con ellos e inclusive, hacer viajes por un lado y jurarle amor eterno y virginidad a sus novios "barriales" por otro) a uno no hacen más que plantearsele dudas sobre cómo pararse de aquí en más delante de una mujer, de como mirarlas a los ojos. De si creer en ellas o no. Podrán refutárseme muchas cosas, como "no todas las mujeres somos iguales" o "no todas buscamos lo mismo" o "yo tuve un novio remisero" como dijo hace poco una vedette cuando le plantearon si "billetera mataba galán"...


Lo cierto es que, para los hombres, la suerte está echada. Decisfrar a una mujer es tan dificíl como armar los lados de un cubo mágico. Y lo que es peor, siempre nos dejamos imantar por su belleza.

Y para la mujer, queda claro que está en cada una "subir de posición de manera fácil y gozosa". Aunque las redes de trata sigan existiendo, existe un grupo de hombres que no vá a los prostíbulos ni deambula por las calles de palermo con las balizas prendidas. Y las buscan a ellas, las que eligen "por placer". Las que eligen seguir dominando a los hombres amás no poder.


La verdadera historia, quién quiera oir...