lunes, 4 de enero de 2010

porqué vale la pena recordar a Sandro


Recuerdo con claridad una nota de sandro que salió publicada en la página central del diario Página 12 del domingo 17 de diciembre de 2006 (nunca olvido esas cosas). En esa nota expresaba su nostalgia por un país que ya no existe, y explicaba por qué se defiendía con un paredón. Su preocupación “porque hoy se habla con 200 palabras” y su curiosa relación con esa otra persona, Roberto Sánchez.
Así que, a continuación, voy a pegar fragmentos de esa nota que llaman verdaderamente la atención..

"cuando sos muy joven vivís confundido. A los 17 o 18 años creés que Dios es tu secretario."
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"cada palabra tiene un valor. De acuerdo con cómo digas esa palabra, o dónde pongas un acento, el verso varía. Yo a los diez años escribía en soneto las composiciones del colegio y me decían “el poeta”. Tenía una maestra que nos llevaba cuadros y nos decía que escribiéramos sobre lo que veíamos, o acercaba un tocadiscos y ponía Bach o Mozart y nos pedía que dibujáramos lo que escuchábamos. Obviamente la echaron del colegio por no cumplir el programa, y a los treintipico terminó suicidándose porque no tenía nada que ver con este mundo. Esa fue mi maestra. La que descubrió que yo podía escribir."

"Creo que se degradó el idioma de una manera impresionante. Por eso estuve casi tres años sin escribir, sin componer. No tenía ganas. Escribí un poema, para el último disco, que dice “quítame, Dios, estas esposas”. Originariamente, era “quítame, Dios, estos grilletes”. Hay una gran diferencia entre esos dos objetos: las esposas son para el asaltante o el delincuente y el grillete es para el esclavo. Sin embargo, me puse a testear entre la gente y me di cuenta de que muy pocas personas reconocían la palabra grillete. Tuve que admitir que muchos de los que compraran el disco no lo iban a entender. Creo que lo que nos pasa es que nos quedamos con muy pocas palabras. Humildemente, tal vez con este último disco esté ayudando a quienes nunca leyeron un poema a acercarse a ese género e indagar en otros autores mucho mejores que yo.

–¿Y ese empobrecimiento del idioma te condujo a una especie de depresión creativa?

–Claro, porque me pregunté qué puedo escribir. Ya no quiero ir para atrás y hacer cosas sólo comerciales. Lo que compuse por cuestiones meramente consumistas fueron las frustraciones más grandes de mi vida. Y por ahí algún tema de esos a la gente le encanta..."

"a mis 61 años, no podría sostener un diálogo con una chiquilina de 20 o 25. Ahora con 200 palabras se comunican. Nosotros teníamos un palabrerío maravilloso."

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"Yo puse un paredón en Banfield porque me obligaron. Cuando tenía 18 años cambié un auto sport por mi primera casa, que se caía a pedazos. Había un jardincito adelante. No sabés lo que era: me pintaron toda la fachada, me desaparecieron dos perros pekineses de mi vieja, se me metían en el hall, me repetían de memoria los diálogos de las películas. Llegó un momento en que no se podía vivir y levantamos el primer paredón. Ya experto en la materia, cuando compro mi casa actual lo primero que hago es el paredón. Quien me obligó a hacer eso es Sandro, porque yo no hubiera querido hacerlo. Soy un prisionero de Sandro."

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"–Tu actuación en el Madison Square Garden fue a comienzos de los ’70. A partir de ese hecho se esperaba el “Sandro de América” más allá del continente, con repercusión mundial. Eso no pasó.

–Porque no me interesaban los contratos. Los gringos no son tontos: me ofrecieron un acuerdo por 10 años en las mismas condiciones en las que firma Julio Iglesias. Y yo no me lo puedo bancar. Tenía que estar a disposición cada vez que al sello se le ocurriese, para cantar en cualquier lugar del mundo promocionando un disco nuevo. Dejar mi país, mi gente. ¿Para qué? Para pasar a ser un títere de ellos. Yo me conozco, soy muy rebelde y no iba a poder con eso. Jamás me arrepentí. Al contrario, creo que esa decisión me permitió vivir, tener parejas, ser feliz. También sufrir mucho. Pero en el balance fue una determinación maravillosa."

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"a los 31 años me senté en la punta sur de mi casa. Desde ahí se ve toda. No es una casa tan impresionante como la gente cree, pero es linda. En ese momento, en el garaje había siete autos y me pregunté: ¿Esto es el éxito? ¿Y ahora qué? ¿Más autos? ¿Más casas? ¿Más qué? El éxito es una vieja prostituta, como escribí en una canción: viene, se acuesta con vos, te cobra y se va. Esa vez estuve un año sin cantar. Tengo un Mercedes del ’70 que casi nunca usé porque cuando salía con ese auto, descapotable, y me paraba en un semáforo al lado de un colectivero o un camionero o cualquier trabajador, me gritaban “vos sí que la ganás fácil”. Y me di cuenta de que yo no quería eso. Entonces me compré un Fiat 1600 y cuando paraba con este otro auto en los semáforos, esos mismos laburantes me decían “qué hacés Sandrito. Mi mujer me tiene loco con vos y mi vieja te adora, hermano”. Yo quería que me dijeran cosa lindas, no que me puteasen. Entonces el Mercedes quedó ahí, tirado."

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"Veo mucho dolor en la calle. Me acuerdo de cuando viajaba a México y veía gente haciendo malabarismo en los semáforos. Me decía “menos mal que esto en Argentina no pasa”. Ahora salgo y veo este panorama y me da mucha tristeza. Esta no es la Argentina que yo conocí. Me duele salir y verlo, pero no quiero vivir en un frasco. Si voy a cenar me lleno de culpa y bronca. ¿Cómo en el país de los alimentos se pueden morir de hambre los pibes? ¿Cuánto se tuvieron que haber choreado?"

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"La gente cree que me operaron y estoy salvado, pero no. Desde la intervención quirúrgica tengo menos aire, y no puedo sostener una nota como antes. Tengo que hacer ejercicios para poder recuperarme. No me gusta dar lástima. Yo venía cantando “Penumbras” en el mismo tono con que la canté a los veinte años. No le cambié un solo tono a ninguna canción. Tiré a la basura temas que adoro, con arreglos espectaculares. Pero cuando los escuché me dije “esto no es Sandro”. Antes de resignar el tono de una canción prefiero no cantarla. Para practicar canto cosas de otros compositores. Si canto los míos, al oírlos no los escuchan mis oídos, sino mis recuerdos. Voy a volver a cantar. Pero cuando al escucharme no me dé lástima a mí mismo."
Cosa que, finalmente, nunca pudo volver a hacer...

leé la nota completa acá:
http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-77817-2006-12-17.html

En 1992 había aparecido la primera señal de alerta grave, en un año que luego recordaría como el más triste de su vida: había muerto su madre, comenzó a sufrir fuertes dolores en el pecho, se le declaró un eccema que fue mal tratado con cortisona, engordó mucho. “Creí que no iba a cantar nunca más”, recordaría después. “Fumaba dos atados por día, y cuando no dormía... ¡cuatro! En ese momento tenía apenas el doce por ciento de mi capacidad pulmonar.” Contaba que había dejado el tabaco de un día para el otro, después de una crisis severa de falta de aire. “Nunca más probé un cigarrillo –contaría en una entrevista–. Lo olvidé. Desapareció de mi vida. Como si mi mujer me engañara con mi mejor amigo: se te cae todo y lo olvidás para siempre. Tres o cuatro días después, me preguntaba: pero, ¿cómo pude fumar durante tanto tiempo? Empecé a fumar a los 10. Por eso tengo un enfisema artesanal: un producto maravilloso...”

Si algo contribuyó al mito, a la construcción del personaje de Sandro por parte de Roberto Sánchez, fue su reclusión en la famosa casona de Banfield, esa cuyo frente regalaba grandes postales a Crónica TV cada 19 de agosto, cuando las nenas se apostaban en la calle, tan entusiastas como férreas, muchas veces bajo la lluvia, para festejar un gran cumpleaños nacional y popular. Sandro le había puesto a ese bunker del Gran Buenos Aires Villa Martini, en honor a su trago preferido, que tomaba siempre con las dos aceitunas reglamentarias, y seco, y mezclado, no batido.


La Organización Mundial de la Salud afirma que "el tabaquismo es la principal causa de muerte evitable en los países en desarrollo". Lamentablemente a diferencia de la lucha contra otros factores de riesgo tales como hipertensión arterial, dislipemias y diabetes; la pelea contra el tabaquismo fue durante mucho tiempo postergada.

La Argentina posee una de las tasas de tabaquismo más alta de América Latina. Según una información recogida por el Ministerio de Salud de la Nación en 2005, la Ciudad de Buenos Aires presenta la siguiente prevalencia:

Hombres
fumadores 34 %
Mujeres fumadoras 30,1%

El consumo de tabaco en la población de 18 a 24 años es de 37,3%; siendo los jóvenes la franja de mayor prevalencia de América Latina y la población de más de 65 años la de menor consumo (8%).

Hoy, en el mundo, uno de cada tres habitantes fuma, lo que equivale a 1.300 millones de personas. El 80 % vive en países de ingresos medios y bajos. Es decir que la epidemia del tabaco se desplaza hacia los sectores pobres del mundo.

Según cifras del Banco Mundial y la Organización Panamericana de la Salud , cada día 80.000 jóvenes en el mundo comienzan a fumar, con los riesgos que esto implica ; transformándose en adictos a la nicotina.

Ocho de cada diez fumadores adultos se iniciaron en la adolescencia , edad del descubrimiento y la experimentación. Período de rebelión, además hay frecuente asociación con el consumo de bebidas alcohólicas y las drogas, así como la actividad sexual.

Influyen importantes factores externos, como la pertenencia al grupo, es decir el deseo de ser aceptado por amigos que fuman y otros factores sociales los cuales son utilizados como elementos de publicidad muy influyente en la población joven, por la industria tabacalera.

La industria tabacalera necesita mercado y debido a que algunos tabaquistas fallecen prematuramente y otros abandonan el hábito tabaquico, la única forma de mantener alto el nivel industrial económico, es conseguir nuevos fumadores, focalizando en mujeres y jóvenes.

Lamentablemente es previsible que para el año 2020 ocurran un total de 18.272 muertes prematuras ( 35 a 64 años) atribuibles a todas la patologías ocasionadas por el tabaquismo, de las cuales 6.090 muertes serán ocasionadas por el cáncer de pulmón .

El impacto del tabaco en la mortalidad de la población Argentina es significativo, 16 de cada 100 muertes son por ésta causa. Además los costos anuales por pérdida de productividad por las muertes prematuras debido al tabaco son en extremo relevantes.

Estas muertes podrían evitarse si se aplicaran medidas para reducir el consumo del tabaco, como por ejemplo el aumento de precios y los impuestos o restricciones a la publicidad y la prohibición para fumar en espacios cerrados públicos y privados.

Otro factor muy importante es el tabaquismo pasivo es decir la inhalación involuntaria del humo de tabaco fumado por otra persona. Esta exposición constituye un serio problema de salud pública, ya que representa un riesgo considerable de morbimortalidad en la población no fumadora.

Se debe informar que no hay diferencia entre el daño que se produce en el fumador activo y el pasivo. En estudios realizados los niveles encontrados de humo de tabaco para el conjunto de la ciudad fueron altos lo que constituye un riesgo para la salud.

Hay que despertar la conciencia sobre todo en la población blanco, es decir los niños y jóvenes que la industria tabacalera invierte cada año sumas millonarias en promover el consumo de tabaco. Reconocer que es la única beneficiaria de dicha adicción.

Reflexionar que el consumo del tabaco produce en la Argentina cuarenta mil muertes anuales. Los gobiernos deben poner en marcha medidas enérgicas para combatir la epidemia de tabaquismo, apartar a los niños del tabaco, proteger a los no fumadores y proporcionar a los fumadores la información necesaria sobre los efectos del tabaco en la salud y ofrecerles un tratamiento efectivo para el abandono del mismo.

(fuente: http://www.uba.ar/extension/salud/difusion/nota47.php)

Es más, uno de cada ocho muertos vinculados al tabaco es fumador pasivo
(http://es.noticias.yahoo.com/5/20091228/tes-una-de-cada-ocho-muertos-vinculados-c5455be.html) y en medio de todo ésto, tenemos que soportar la muerte de ídolos como Sandro de América o Don Ramón, a causa del fucking tabaco. Cada uno elige entre vivir sano y hacerle un bien a la sociedad, o acortar su etapa de gloria y complicar a los demás y al medio ambiente.

Está en nuestras manos la vida.
Está en nuestras manos, la muerte.

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